lunes, 26 de septiembre de 2016

ALMACEN DE MI BARRIO, DON MARCOS EN EL DÍA DEL COMERCIANTE (26/9)

                        Esquina noroeste de Zelarrayan al 1300 esquina Picheuta,Buenos Aires,  en mi barrio.-
    Hoy vemos una casa en venta, con ladrillos a la vista, un paraíso (nuestra especie arbórea por aquellos años con sus florcilla violeta en primavera, sus coquitos verdes luego amarillentos en verano ), una casa sobre la izquierda (de la familia Gentile entonces) y el resto a la vista.-
   El empedrado incólume, ojalá por muchos años más, y el recuerdo: aquí, donde hoy se ve esta propiedad en venta estuvo por los años 50 y 60 el almacén de don Marcos.-
       Un almacenero del barrio don Marcos, uno más, como don Humberto, y varios, pero hoy me cae en el recuerdo don Marcos.- Hombre alto ( el tiempo agranda aquello que llevamos guardado y le da, tal vez, la dimensión si no real, la  metafórica de la altura que adjudicábamos a esas personas y no en el sentido centimetral, sino en el humano, lo bueno y lo malo en esas representaciones en nuestra memoria: el mounstruo de algunos relatos lo representamos también alto y poderoso, a los buenos tipos también, es medio extraño todo, pero don Marcos era alto; no sé si alto, pero por lo menos lo recuerdo alto.- Su esposa no, una gordita de gafas  y muy protestona con los pibes del barrio.-
     Eran un matrimonio europeo del este (tal vez polacos o rusos) y judíos, en un barrio de extranjeros, donde predominaban italianos y españoles pero había  también polacos, armenios, musulmanes varios, albaneses, judíos sefaradiés y askenazis, alemanes, todos conviviendo pacíficamente junto a criollos de variada procedencia.- Don Marcos y esposa hablaban español con gran dificultad; arropado él con un reglamentario saquito color azulado ejercía su comercio con educación y contagiosa sonrisa, salvo con los deudores irrecuperables.- 
       El almacén tenía en la esquina que vemos un acceso por la ochava y otro por Zelarrayán.- Luego la puerta de la vivienda en si, era almacén con vivienda; no sé si tenían hijos, si tenían amabilidad con todos sin distinción, y una balanza clásica de dos platos, con pesas de bronce que tributaban a un fiel ( exacta palabra para la función) y que marcaba el equilibrio entre la pesa apoyada en un plato y la mercadería despachada en el otro plato; de bronce eran estos platos, como las pesas; y ahí, si, cuando el equilibrio entre el valor impreso en la pesa y lo solicitado señalaban el fin de la operatoria, don Marcos armaba el paquete (con papel llamado extrasa) de galletitas o fideos dibujando al unísono dos orejas perfectas e idénticas cerrando el paquete que presurosos llevábamos a  casa, sin exceptuar  una veloz y subrepticia intromisión a su contenido cuando de algo dulce se trataba.-
        Sobre el ingreso de Zelarrayán se ubicaba un tanque surtidor de aceite comestible, y entrando al patio del domicilio, parcialmente aislado del almacén, otro tanque más rústico con kerosene para la venta al menudeo bajo la  recomendación/obligación "traer envase".-
                           Anteojos de marco y cristales gruesos lucía don Marcos.- No les daba descanso ni cuando  en las tardes de estío se asomaba a la ventana de su dormitorio sobre Picheuta y gritaba a los pibes ,que meta pelotear en la "hora de la siesta", conseguíamos aquello que pensábamos nunca veríamos: don Marcos perdiendo el semblante amable y conciliador de cuando estaba al frente de su almacén, cada día, cada mañana y cada tarde en que solícito y como olvidadizo, recibía por nuestro intermedio el pedido de casa en la forma conocida como "mandados", hacíamos el "mandado" que no siempre guardaba equivalencia entre lo ordenado y luego reproducido ante el inefable don Marcos, a quien recuerdo en éste día del comerciante, del comerciante-vecino que llenó nuestras horas de niño y adolescente.-mc
        

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