miércoles, 1 de julio de 2015

"EL BUZÓN", ROJO COMO UN PIMIENTO, PARA SIEMPRE EN LA ESQUINA....

         Otro habitante silencioso de Buenos Aires, el buzón, raza ya en extinsión, sobrevive  mansamente como decorativo aditamento de tiempos idos.- "Rojo como un pimiento" como reza en una estrofa "Buzón", tango de Rafaelli y Martinez Vila, y "Para siempre parado en la esquina", verso de "Pobre buzón", tango de Di Sarli y Fernando Caprio, con  dos versiones en la orquesta del autor, con Mario Pomar y con Roberto Florio en los años cincuentas.-  Escasas referencias directas para un porteño añoso, aunque en trance de desaparición total, con los métodos que reemplazan afiebradamente y sin remedio a la palabra escrita sobre un papel.- Otro tema al que nos interesa antes que arranquen de la última esquina al que será "aquel buzón carmín..." (de "Tinta roja", de C. 
Castillo).-
      El buzón de barrio, de esquina, rojo tradicionalmente,  luego repintados en amarillo y negro, anchos, impresión de pesados por su porte y estructura, con una boca ancha y voraz, con una lengua de metal y fría que nos acariciaba  filosamente  la mano al introducir alguna preciada "pieza postal" en su glotona redondez.-
     A punto de ser chatarra o simple decorado de tiempos idos,  tuvo su  esplendor  en el siglo XX, y su presencia aunque mínima en las letras de tango señaladas; fue  la simple carta  con us coloridas estampillas su alimento y materia de intenso tratamiento ("Quemá esas cartas, etc) en la letrística tanguera.- La carta traicional ,la cartita de amor o despedida fue el alimento de éste mastodonte buenazo y cordial de esquina; en numerosos tangos se menciona alguna cartita que nunca llegó a destino (por no haberse realizado o por burocrático designio), o la mas positiva que si tuvo destino a partir de su paso por el oscuro habitáculo del buzón esquinero; puntualmente aliviado en su férrica osamenta con la llegada del servicio de recolección que arrasaba con la carga, rumbo a la central para su distribución posterior.- Los buzones  clásicos eran de origen europeo, con sus procedencia industrial señalada en relieve sobre su cintura  superior.-
      Para los pibes de algún tiempo era todo un misterio la razón de ser del intruso esquinero, hasta que un día, veíamos llegar presuroso un jeep pintado de amarillo y negro, clavar rutinarios y sin inmutarse sus frenos, bajar prontamente un empleado con llave en mano, abrir la panza sin dolor del buzón, retirar una bolsa con las cartas y reemplazarla por otra bolsa vacía que era engarzada en una especie de corsé ,que era la entraña básica del gordo ese ,sin nombre  e inquilino perpetuo del cruce callejero.- "Ahhh...allí van las cartas" ?,era el asombro con o sin palabras hasta que un día dejabamos la nuestra por primera vez.-
Alguna vez nos enteramos que habia unos tipos que incendiaban buzones, de alguna manera prendian fuego las preciadas cartas,y era lo grave, nos provocaba indecible sensación de bronca por las  que no llegarían  a destino siendo que hubo voluntad  y sería  improbable reparar el daño causado por imperio de tamaña estupidez .- O que se robaban las cartas violentando la puerta lateral o utilizando argucias para "pescar" la correspondencia de su interior.- Vandalización  sería la denominación más actual, tan vieja y tonta como siempre.- Tambien supimos que algunos "vendian buzones....", quien los compraría?, inocentes preguntabamos...luego hicimos nuestro pedido mas de una vez.- Lo que si llama la atención, es que en franca desaparición, casi inhallables...se siguen vendiendo...todo un fenómeno de mercado.-
      El tango  en su amplitud  temática no dejó afuera  al buzón; antes que lo expropien definitivamente, lo hicimos presente es éstas líneas ;con cariño por el vecino aquel,  testigo mudo y depositario de buena parte de la vida del entorno que utiliza hoy otros métodos para hacer su vida justamente.-mc
PD imagen de la esquina de Tabaré y Esquiú, en la esquina Manoblanca de Centenera y Tabaré, en el barrio de Pompeya; donde el buzón adorna la escena, con su impronta en el frente del bar en la ochava, siendo que en la parte superior se abre la ventana del desaparecido Colegio Luppi, donde estudiara entre 1920-1923  el poeta Homero Manzi, sitio y entorno por demás elocuente en su obra letrística.- Además, el colectivo 6, de Retiro a Soldati, pasando por Saenz y la iglesia, fue y es el vehículo al centro de la ciudad de  los muchachos de ayer y  de los que hoy lo son.-mc
       

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