miércoles, 28 de junio de 2017

AQUELLAS RABONAS POR LA ESTACIÓN CABALLITO

                         Valiosa imagen de la estación Caballito no muy actual y fiel  a aquel escenario de nuestras rabonas en los años de la primaria ya avanzada.- Las rabonas son nada edificantes, pasibles de condena y para nada a emular o a incluir como apologéticas circunstancias de la vida de estudiante alguno; allá lejos parecían inevitables, hoy es distinto y no sé muy bien sus equivalentes si leves o gravosos respecto a aquellas prácticas desaprobadas por los  mayores que las conocían desde dentro ( a las rabonas) sin duda también.-
                   Práctica de estudiantes primarios pero en etapa avanzada del ciclo inicial, o sea, advenían allá por quinto o sexto grado, no antes.-  Tenían su aura de aventura y de atrevimiento, de prueba y desafío, al doble standard del orden escolar y el ooden o mandato  familiar.- 
                   Estando el Calasanz justo en un extremo del éjido del barrio Caballito, enfrente Boedo, cerca Almagro,cerca  Parque Chacabuco y más allá Flores, el norte visto las alternativas a considerar se ponía en la avenida Rivadavia y a la altura de Caballito, donde se daban algunas condiciones de atracción sin igual: estación ferroviaria del Sarmiento, cancha de Ferro,extensos terrenos ferroviarios circundantes como una pampa en plena ciudad, Rivadavia, la gran avenida, la más larga del mundo, una multitud en constante y febril ajetreo que aseguraba, salvo un milagro, el anonimato y la remotísima chance de ser detectados por algún familiar directo o amigo de la familia que descubriría así nuestra deslealtad al saber y a nuestra familia haciendonos "la rata" sin vergüenza alguna...... No hubo milagro y transcurrían nuestras mañanas sin sobresaltos y descubriendo aquello que la escuela no podría nunca develarnos por más tecnología que aún hoy torna irremplazable  la experiencia de libertad de una rabona o rata con su dosis de riesgo y de imprevisibilidad.- Como todo lo censurado tiene una cuota de atracción irresistible al marcar límites a los que nos acercamos en puntas de pie y hasta con extraño e  incierto regocijo, mezcla de vergüenza, culpa, arrojo, debilidad ante la indecente propuesta de algún mentor (infaltable) que incita al "vamo' que no pasa nada".-
                 El experimento constaba de no muchos participantes; las sospechas de maestras y administradores despertaban a partir de las ausencias concomitantes: "estos ayer tramaban algo, seguro...una rata..." frase imaginada en aquellos cancerberos de nuestras frágiles existencias.- La conciencia y la culpa son protagonistas todo el tiempo, antes, durante y después del hecho, hasta que se extingue dando paso a un estado de satisfacción donde el acopio de una experiencia fuera del régimen curricular, nos infla el pecho de orgullo y "sabiduría".- Y hasta es pasible de incorporar la falta a nuestro curriculum vitae; y ufanarnos que, después de todo, haber hecho "aquello" en su momento, ni antes ni después, haberlo(a) conocido a su debido tiempo cuestión de cerrar ese casillero ni un año antes ni uno después.- Asignatura aprobada de la puerta del colegio hacia afuera.-
              Caballito tenía entonces (1960-61) una estación bien vetusta, no coincidiendo con el barrio en si, pletórico de edificios de cierto lujo algunos en plena construcción; primer contraste.-
Era la primera estación y  en superficie del Sarmiento que arrancaba en Once, hasta allí circulaba en "trinchera", en un paisaje de varias vías encajonadas y rodeadas de paredes, tuneles  y puentes de ladrillos a la vista de reminiscencias londinenses, y aunque desconociéramos este detalle, parecía otro país esa gigantesca obra al alcance de nuestra vista y por aquellos años.-Me animo a calificar ese gigantesco tajo en la bonaerense capital del Plata, y junto al paisaje de la estación Constitución desde el puente de la calle Ituzaingó, las dos obras  ferroviarias más espectaculares por lo menos en lo visual que nos legaron sus hacedores en ésta parte del planeta.-
        Hablemos  del peligroso "tercer riel" del Sarmiento que no recuerdo tuviéramos en cuenta en aquellas riesgosas excursiones por galpones y talleres aledaños a la estación.-
Pero era así, no reconocerlo hoy sería una tontera, era muy peligrosa aquella aventura atemperada por la ignorancia de entonces  y por la gracia que nos permite hoy reconocernos indemnes, sanos y salvos.-
            A la altura de Campichuelo, pegado a las vías aún bajo nivel, creí siempre haber observado una especie de pequeño grupo de casas con balcones mínimos, algo menos que un barrio,casitas  todas iguales y con rezongonas matronas asomadas a las ventanas que nos miraban con fastidio justificado; sería el sitio un lugar de diario y perpetuo desfilar de rateros, evadidos circunstancialmente de la diario obligación escolar.-
                Primera Junta, esa placita sin verde,con algo de vereda, gastada por la turba inofensiva e incesante que discurre serena  y convencida a su yugo diario,o la vuelta a casa; un puesto de diarios y revistas como los de entonces, atiborrado de publicaciones y fieles observantes leyendo títulos en actitud casi religiosa como frente a un santuario, con rostros impresos en líbelos diversos: invitando a la rebelión, a la abnegación, al pago de obligaciones, alguna señorita pulposa de ojos castaños y piel blanca, gesto somnoliento y con anguloso escote que remite al teorema de Thales, era Isabel Sarli, un sueño colectivo por entonces que con sus inexpresiva mirada te la "dejaba picando" (frase mas bien actual) para entrar con pelota y todo: cosa de pibitos¡¡¡
                  Yerbal, sus puentecitos peatonales,el subte A y el asomarse a sus bocas,  el camino de ingreso de los coches del subte a la entraña de la ciudad en la esquina con Emilio Mitre, donde el metro se zambullía para su diario oficio "subterráneo", el extraño fin de la avenida Parral contra las vías a punto de emerger llegando a la estación Caballito, los laburantes con sus "monos" rumbo a casa luego de la jornada, los comercios arracimados en la avenida,en las  paralelas yen las  adyacentes, era un espectáculo para aquellos pibitos de 10 u 11 años, porteños, chicos de colegio religioso y familias preocupadas por su educación que  circunstancialmente rateandose,  que sin ser  un suceso ni medianamente edificante era una anécdota casi imprescindible por aquellos años de fines de los 50 e inicios de los 60.-mc
                       
               

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